viernes, 21 de agosto de 2009

Los libros también se enferman

RIESGOS Hongos, insectos, roedores y polvo amenazan los textos

Igual que ocurre con los seres humanos, un ejemplar infectado puede provocar una verdadera epidemia

VANESSA DAVIES
vdavies@el-nacional.com

El 15 de diciembre de 1999 no fue una enfermedad, sino una verdadera calamidad, la que se vino encima de los testigos de la historia de la iglesia San Pedro Apóstol de Macuto: más de 50 libros que atesoraban bautizos, matrimonios y defunciones desde el siglo XVII. El lodo embadurnó las páginas; el agua las hizo presa fácil de los hongos e hizo correr la tinta de su lugar. Los ejemplares, a merced de la corriente, quedaron dispersos y sin dolientes.

La tragedia humana de Vargas minimizó esta otra tragedia. No todos los libros quedan, como estos, desahuciados y guardados en una caja a la espera de tratamiento (aunque en la Biblioteca Nacional sometieron un ejemplar a reintegración mecánica y manual para mostrarlo como ejemplo). Pero es muy común que los volúmenes se enfermen. Tal como expone Argenis Torres, jefe de la división de conservación de la Biblioteca Nacional de Venezuela, en situaciones normales deben afrontar amenazas como hongos, roedores, insectos y polvo. Los hongos y el polvo provocan, a su vez, alergia en las personas. El término correcto, más que enfermedad, es contaminación, aclara Torres.

El hecho de que el papel absorba humedad rápidamente lo hace vulnerable a diversos agentes. Basta que aumente la humedad relativa o la temperatura ambiental para que los hongos –que están en todas partes– hagan de las suyas. Marrón, azul, negro y morado son los colores que delatan la presencia de estos organismos; la textura es como terciopelo. El clima ideal para conservar libros es 18º a 22º centígrados, y de 45% a 55% de humedad relativa. El cambio crea un ambiente propicio para que el hongo ataque la fibra del papel y la desintegre; no importa si el ejemplar es nuevo o suma varias décadas. Un volumen enfermo, además, infectará a los demás como si fuese la influenza AH1N1.

Igual que ocurre con la diabetes o la hipertensión en un ser humano, los hongos no se curan, pero se controlan. Para ello, hay que devolver al libro la temperatura y la humedad ideales, y realizar lo que los expertos llaman “limpieza al seco”: pasar una brocha por cada página dañada y succionar suavemente con un equipo especial. Quien asuma esta tarea debe protegerse, advierte Torres, con máscara, guantes, lentes y bata de laboratorio.

Hamburguesa para ratones.
Podrá ser la metáfora más sentida de Paulo Coelho, el poema más hermoso de Roque Dalton, la idea más consecuente de Istvan Mészáros o el párrafo mejor logrado de Mario Vargas Llosa. A los ratones poco les interesa el contenido. Ellos van directo al grano: el papel, el cartón, es comida. “He visto legajos de documentos que quedaron como una hamburguesa mordida”, compara Torres. Dientes, pero también, excrementos de roedores, perjudican las páginas. Las cucarachas no sólo amenazan la salud de las personas; alteran, igualmente, la de los libros. Además de engullir el contenido, lo ensucian con sus deposiciones. Para entender por qué algunos animales devoran el papel, basta recordar que éste se compone principalmente de una materia vegetal llamada celulosa.

Otros insectos actúan contra los textos, como el pececito de plata y las termitas. El pececito de plata es considerado la plaga más común de las bibliotecas y edificios en general, de acuerdo con un estudio elaborado por la Unesco. Las termitas, en particular, penetran a través del lomo, “y hacen su fiesta dentro. Algunas personas reportan que hay una arenita, y cuando abren el libro, se encuentran con que ha desaparecido buena parte del interior”, refiere Ramón Sifontes, funcionario del área de conservación de la BN.

¿Cómo lo logran? Con sus mandíbulas en forma de sable. Uno de los agentes biológicos que atacan las colecciones podría ser un personaje de Agatha Christie. Lo llaman “el relojito de la muerte”, porque en las noches, cuando todo está en silencio, suena el clack-clack-clak que delata su acción. No mide más de 2,5 milímetros, pero su práctica es devastadora. Hay regalos que matan. No falta quien decida legar sus decenas, centenares o miles de libros a la Biblioteca Nacional o a alguna biblioteca pública. Este gesto generoso puede convertirse en una sentencia de muerte para los ejemplares sanos.


Tratamientos para el “paciente”

… La fumigación para atacar los insectos debe ser efectuada por manos expertas, puesto que no se trata de rociar flit sobre el libro, sino de colocarlo en una cámara –durante 22 días– en la cual se extrae el oxígeno y se inyecta nitrógeno. “Con este procedimiento matamos al adulto y destruimos el huevo”, subraya Argenis Torres. El timol ya no se utiliza, aclara, porque resultaba muy contaminante. También se usa la limpieza profunda (hoja por hoja).
...Para la limpieza superficial, o de mantenimiento, se recurre a una aspiradora especial.
…El centro de conservación de la Biblioteca Nacional hace diagnósticos y aplica tratamientos –a bajo costo– para bibliotecas de particulares y de instituciones, indica Ramón Sifontes. Hay equipos, por ejemplo, para la reintegración mecánica y la reintegración manual. … Estas medidas, sin embargo, no obran milagros. El material que el hongo desmembró, el pedazo del libro que el ratón se comió, desaparecidos quedan. Es por eso que el volumen más antiguo que alberga la Biblioteca Nacional, el Tractatus Domini Nicolai de Ubaldis (1471), recibe periódicamente su tratamiento para evitar la catástrofe que significaría perder sus líneas de más de 500 años de vejez.

El Dato

… Es cierto que el microfilm se considera el soporte por excelencia para la preservación (porque puede durar hasta 500 años), pero no es menos cierto que sufre diversas amenazas. “El microfilm también se enferma”, destaca Ramón Sifontes.
… Una de las afecciones más comunes es el “síndrome del vinagre”: si el material (el más antiguo es con una base de acetato de celulosa) se guarda a una temperatura demasiado elevada, se levanta la emulsión de la película; la cinta se enrosca y se ondula, alerta José Moncada, jefe de la división de microfilm de la Biblioteca Nacional.
… La temperatura de almacenamiento para microfilm debe ser 18º centígrados, con 45% de humedad relativa, agrega Moncada.